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Sigüenza - Alcuneza
Muchos de los primerizos del Mountain Bike (MTB) en Sigüenza, tienden a iniciarse, en sus primeras rutas, por zona del pinar. Esta zona debido a sus fuertes desniveles y dificultad del terreno, hacen complicada la práctica del ciclismo para los ciclistas noveles. Siendo frustradas las ilusiones desde un primer momento.
Si te quieres iniciar en el MTB en Sigüenza esta es sin duda la primera ruta a realizar.
Siguenza – Alcuneza es la tradicional ruta del “día de la bicicleta” que se realiza cada año en las fiestas de Sigüenza. La ruta original discurre por la carretera GU-127. Por eso te proponemos iniciarte en el MTB del mismo modo pero alejados de los coches y el asfalto, justo al otro lado de la vía de ferrocarril, por la pista que une ambos pueblos y que transcurre paralelo.
Iniciamos la ruta en la Alameda de Sigüenza, un parque frondoso y fresco que se sitúa en la parte baja de la ciudad del Doncel, tras recorrer el parque salimos a la calle de las cruces, llamada así por los cruceros de piedra que tiene a ambos lados. Al final de la misma vemos la plaza de toros y el puente que atraviesa las vías del ferrocarril. Cruzamos el puente y continuamos por la derecha por la pista que va paralela a las vías dirección Alcuneza.
En torno al kilómetro 2.1 nos encontramos unas casetas donde se bifurca el camino. Por la izquierda podríamos llegar al pueblo de Pozancos o salir a la carretera de Soria (CM-110), nosotros nos desviaremos cogiendo el camino de la derecha. Justo en este punto también podremos parar para avituallar en una fuente junto al camino.
El camino no tiene perdida discurriendo de forma paralela a la “Huerta de los Obispos” para luego alcanzar las antiguas Salinas de Alcuneza. Lugar donde comienza la única pendiente de la jornada que termina justo en nuestro destino.
El paisaje de campos de labor no es a primera vista muy espectacular, pero tiene su notable interés si prestamos un poco de atención mientras mantenemos el equilibrio con la bicicleta para no acabar en el suelo. Podemos observar un gran número de pequeñas aves, como los trigueros de plumaje parduzco y su vuelo característico con las patas colgando. También común en estos terrenos es la tarabilla, con la cabeza negra y un collar blanco. Sobre los espinosos rosales o escaramujos que crecen en los márgenes de los sembrados y en las laderas del monte, quizás descubramos al alcaudón y en las mismas espinas puede que encontremos algunas de sus víctimas ensartadas (lagartijas, insectos, micromamíferos, etc.). Las cogujadas, que las identificaremos por su conspicua cresta de plumas sobre la cabeza. Tampoco será difícil de ver algún colirrojo, bisbitas y zorzales. Y quizás nos sorprendan los aguiluchos cenizos con sus vuelos a baja altura sobre los campos de cereal.
La vuelta se realiza por el mismo lugar, siendo mucho más fácil debido al terreno favorable.
Datos de interés:
Huerta de los Obispos: Finca de 1779, que el obispo Juan Díez de la Guerra creó lo que se conoció a partir de entonces como la Obra del Obispo. La hizo en posesiones de la Mitra, agregando otras adquiridas por compras y permutas. Antes de la guerra ya quiso el obispado vender la obra, la pusieron en pública subasta y no apareció nadie. La guerra civil también afectó a la vida de la obra. Tras estos duros años, en el obispado se dieron cuenta de que no eran capaces de explotar la finca decidieron venderla a los maristas en 1966. Los maristas son una orden religiosa de origen francés, del norte de Francia. Marcelino Champagnan es el fundador ahora canonizado. Los edificios que se pueden ver en la actualidad los construyo esta orden religiosa, hicieron la iglesia y el colegio. El colegio también fracasó aunque llegó a funcionar durante unos años, “luego lo empezaron a habilitar el local para gente que venía a pasar como un retiro en los fines de semana. En la última etapa quedaron cuatro religiosos y cuatro trabajadores. Con la venta de la Huerta se cierra otra etapa de la Obra del Obispo y todavía está por ver el uso que darán a la finca los nuevos propietarios.
Salinas de Alcuenza: Antes de llegar a Alcuneza, se sitúan a la derecha del camino las ruinas de unas salinas. Poco queda de estas construcciones, apenas dos o tres paredes de dos almacenes y restos de varios recocederos, espacios construidos para dejar reposar el agua para aumentar su grado de salinidad antes de llenar las albercas, donde se recogerían los montones de sal una vez precipitados. Estas salinas parece que datan de 1910 habiéndose mantenido su explotación hasta 1960. Este saladar favorece la presencia de flora y fauna caracterizadas por soportar las condiciones sde mayor acumulo de sales y mayor periodo de encharcamiento; las praderas y juncales halófitos; las formaciones de castañuelas; los almajares dulces, o los pastizales de Frankenia pulverulenta.
Bar asociación cultural de Alcuneza: durante la temporada estival podrás disfrutar de un refresco y la simpatía de los vecinos de Alcuneza.
IMPORTANTE: Evitar en caso de lluvia o terreno mojado. El terreno arcilloso se adhiere a la rueda siendo una pista totalmente intransitable.
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